El Espanyol certificó su permanencia en LaLiga con una victoria 1-2 en El Sadar. Osasuna, con cuatro derrotas seguidas, se lo jugará todo en la última jornada.
Un partido con todo en juego
El Sadar vivió este domingo una de esas noches que el fútbol reserva para los momentos más crudos. Con la permanencia en el aire para los dos equipos, Osasuna y Espanyol se midieron en un duelo de extremos donde solo uno podía respirar al final. Los blanquiazules supieron aguantar la presión, marcar en los momentos clave y llevarse tres puntos que valen mucho más que un simple resultado: significan la continuidad en Primera División.
El marcador final, 1-2, no refleja del todo el drama vivido sobre el césped navarro. Fue un partido tenso, disputado con la urgencia propia de quien se juega el pan, y con una atmósfera en las gradas que asfixiaba más que empujaba.
La ventaja llegó desde el punto de falta
Los primeros compases fueron de Osasuna. Los rojillos salieron enchufados, presionando con energía y buscando intimidar a un rival que llegaba con la moral alta tras su triunfo ante el Athletic días antes. Budimir tuvo la primera ocasión con una volea que se perdió entre las nubes, pero el Espanyol no tardó en encontrar su camino.
En el minuto 27, Carlos Romero puso el 0-1 con un disparo potente desde la frontal del área tras una falta ensayada. La barrera despejó, pero el defensa blanquiazul no perdonó. Silencio en las gradas. Los 21.186 aficionados que llenaban El Sadar se tragaron el primer palo.
La primera mitad terminó con ese resultado y con Osasuna buscando respuestas que no acababa de encontrar.
El guion se complicó, pero el Espanyol supo reaccionar
El empate llegó nada más reanudarse el juego. Víctor Muñoz sorprendió a Dmitrovic con un latigazo desde fuera del área que se coló por el primer palo. El Sadar resucitó. Sin embargo, la alegría navarra duró apenas lo que tardó Kike García en aparecer.
Dolan desbordó a Catena con una carrera por la izquierda y puso el balón al centro para que el delantero visitante rematara con picardía por encima de Sergio Herrera. El 1-2 fue un jarro de agua fría que apagó el ambiente en Pamplona en un instante.
A partir de ahí, el Espanyol defendió con orden y carácter. Osasuna empujó, pero no encontró la fórmula para voltear el marcador. El pitido final desató la euforia visitante y dejó a los navarros con la peor sensación posible: un partido más sin ganar —el cuarto consecutivo— y la permanencia por resolver en la última jornada.
Osasuna, con la cuerda al cuello
La situación de los de Alessio Lisci es delicada. Cuatro derrotas seguidas y la necesidad de ganar en Getafe en la última jornada, coincidiendo además con el partido entre Girona y Elche, convierten el cierre de temporada en una semana de máxima tensión. El Espanyol, por su parte, cierra con 45 puntos y puede incluso soñar con la Conference League según lo que pase en el resto de enfrentamientos.
La permanencia del conjunto catalán es un alivio enorme para una plantilla que ha sufrido lo indecible en la segunda vuelta.